Un estudio revela que la religión no conduce a una sociedad más sana

En este artículo, relatamos los resultados de un estudio (2005) que examina la relación entre una religiosidad nacional y su “salud moral”. La creencia popular conduce a predecir una correlación positiva entre la religiosidad nacional y la salud moral nacional “salud moral.” – Como uno sube el otro sube. Por lo visto ese no parece ser el caso y el ejemplo de los Estados Unidos es el más asombroso: los estadounidenses están entre las personas más religiosas del mundo occidental y, sin embargo, tienen uno de los índices más altos de homicidios, abortos y embarazos entre adolescentes . En la medida en que estas medidas están relacionadas con algo que podríamos llamar “salud moral nacional“, la tesis intuitiva de que la religiosidad  está relacionada con la moralidad parece ser contradicha.

SUELE AFIRMARSE QUE LA RELIGIÓN hace a las personas más justas, compasivas y morales, pero este nuevo estudio sugiere que los datos desmienten esa suposición. De hecho, a primera vista podría parecer que la religión tiene el efecto totalmente contrario. El amplio estudio, ” Cross-National Correlations of Quantifiable Societal Health with Popular Religiosity and Secularism in the Prosperous Democracies,”, publicado en el Journal of Religion and Societyexamina las estadísticas de dieciocho de los países democráticos más desarrollados. Revela correlaciones claras entre diversos indicadores de conflictos sociales y la religiosidad, demostrando que tanto si la religión provoca conflictos sociales o como si no, desde luego, no los impide.

El autor del estudio, Gregory S. Paul, escribe que se trata de un “primer vistazo breve en un tema importante que ha sido casi totalmente descuidado por los científicos sociales … no un intento de presentar un estudio definitivo que establezca la causa contra el efecto entre la religiosidad, el secularismo y la salud de la sociedad”. Sin embargo, el estudio sí muestra una correlación directa entre la religiosidad y la disfuncionalidad, que si nada más, desmiente la creencia generalizada de que la religiosidad es beneficiosa, que el laicismo es perjudicial y que la aceptación generalizada de la evolución es perjudicial.

Paul comienza por explicar en qué medida sus conclusiones difieren de las suposiciones comunes. Incluso cita de Benjamin Franklin y Dostoievski para mostrar la antigüedad de los conceptos que son comunmente erróneos . Dostoievski escribió, “Si Dios no existe, entonces todo está permitido.” Benjamin Franklin observó que “la religión será un poderoso regulador de nuestras acciones, nos da paz y tranquilidad dentro de nuestras mentes y nos hace benévolos, útiles y beneficiosos para los demás.”

A día de hoy, la creencia de que la religiosidad es socialmente beneficiosa está muy extendida en Estados Unidos, sobre todo entre los políticos, como Paul señala:

La actual [en ese momento] el líder mayoritario de la Cámara T. DeLay sostiene que los altos índices de criminalidad y tragedias como el asalto Columbine seguirán durante mucho tiempo mientras que en las escuelas se enseñe a los niños “que no son más que glorificados monos que han evolucionado [sic] de una sopa primordial de barro”.

Pero esta opinión no es exclusivamente republicana o incluso conservadora, Paul explica:

El candidato presidencial Al Gore apoya la enseñanza tanto del creacionismo como la de la evolución, su compañero de partido Joe Lieberman afirmó que la creencia en un creador es fundamental para “asegurar el futuro moral de nuestra nación, y elevar la calidad de vida de todos nuestros pueblos“, y el candidato presidencial John Kerry destacó sus religiosos valores en la última parte de su campaña.

Las encuestas muestran que muchos estadounidenses están de acuerdo en que “su nación que asiste a la iglesia es excepcional, de que Dios bendice, y de que su “brillante ciudad sobre la colina” se erige como un ejemplo impresionante de un mundo cada vez más escéptico.” Este supuesto va en contra de la evidencia estadística real que Paul examinó.

El estudio se centra en las democracias más prósperas, ya que “los niveles de creencias y practicas religiosas y no religiosas, y los indicadores de salud social y disfunción,  han sido las  más extensivamente y  fidedignas fuentes inspeccionadas” en ellas. También, “La similitud cultural y económica de las democracias desarrolladas minimiza la variabilidad de los factores externos que están siendo examinados“. Con una base de datos de 800 millones de personas, este estudio es mucho más fiable que los resultados basados en las muestras más pequeñas utilizadas en otros estudios. Los datos son también actuales y extensos, abarcando estos datos, desde la primera mitad de la década de 1990 y principios de 2000, del Programa Internacional de Encuestas Sociales, el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, Gallup y otras fuentes bien documentadas.

Para el propósito de este estudio, la “disfuncionalidad” es definida por estos indicadores de salud de una peor sociedad como: el homicidio, el suicidio, la esperanza de vida baja, la infección por enfermedades de transmisión sexual, el aborto, el embarazo prematuro y la mortalidad infantil elevada (menores de cinco años). La religiosidad se mide por el literalismo bíblico, la frecuencia de la oración y la asistencia de servicios, así como la creencia en un creador absoluto en términos de fervor, conservadurismo y actividades.

Los resultados de Paul se presentan en nueve gráficos. El primero compara la aceptación de la evolución con diversos indicadores de religiosidad. A partir de esto, Paul concluye que, “La ausencia de excepciones a la correlación negativa entre la creencia absoluta en un creador y la aceptación de la evolución, más la falta de un renacimiento religioso significativo  en cualquier democracia desarrollada donde la evolución es popular, pone en duda la tesis de que las sociedades pueden combinar las altas tasas tanto de religiosidad como de acuerdo con la ciencia evolutiva. Tal fusión no puede ser práctica“, y añade: “Cuando la decisión entre causas sobrenaturales y naturales es una cuestión de opinión,  un inmenso número es propenso a optar por esto último” y que, “Por el contrario, la evolución probablemente no contará con el fuerte apoyo mayoritario  en los EE.UU. hasta que la religiosidad disminuya notablemente.”

Todos los resultados posteriores que comparan religiosidad contra disfuncionalidad muestran una correlación básica entre los dos, aunque existen anomalías. Segunda figura de Paul (Figuras 1 y 2 aquí) muestra una correlación positiva entre la religiosidad y las tasas de homicidio.

La Figura 1 y 2

Los Estados Unidos son una excepción fuerte, experimentando tasas mucho más altas de homicidio que incluso (la muy teísta) Portugal, aunque Portugal está también acosada por muchos más homicidios  que las democracias seculares desarrolladas. Apenas una “brillante ciudad sobre una colina” para el resto del mundo, Paul escribe que “la democracia teísta más próspera, los EE.UU., es excepcional, pero no de la manera que Franklin predijo. Estados Unidos es casi siempre la más disfuncional de las democracias desarrolladas, a veces espectacularmente, y casi siempre la más mala“. Esto difiere enormemente de lo que la mayoría de los estadounidenses consideran popularmente: Que la religión es beneficiosa. “Aunque en las otras democracias desarrolladas sigue disminuyendo precipitadamente y los ateos declarados a menudo consiguen altos cargos, incluso con las advertencias de clérigos  sobre las consecuencias sociales adversas si no se produce un renacimiento de la fe en un creador.”

Figura 3

Figura 4

A pesar de los mejores esfuerzos de los “pro-vida” estadounidenses, las tasas de aborto son mucho más altas en esa nación cristiana, y la más baja en los relativamente seculares como Japón, Francia y los países escandinavos (Figuras 3 y 4). En general, las tasas más altas de creencia y adoración de un creador se correlacionan con mayores tasas de homicidio, mortalidad juvenil y temprana adulta, las tasas de infección por ETS, el embarazo adolescentey el aborto en las democracias prósperas (Figuras 5 y 6). Esto parecería indicar que existe una correlación positiva entre la religiosidad y la disfuncionalidad, pero ¿qué significa eso?

Figura 5 y 6

La pregunta es una de causalidad y no hay una respuesta clara. ¿La religión nos lleva directamente a la disfuncionalidad o las religiones simplemente florecen en sociedades disfuncionales? la conclusión de este estudio no halaga a la religión. Primero nos dice que la religión es un obstáculo para el desarrollo del carácter moral, y lo segundo, que la religión obstaculiza el progreso al distraernos de nuestros problemas (con soluciones imaginarias a problemas reales). Este estudio es bastante complicado por lo que no creo que podamos sacar conclusiones negativas definitivas sobre la religión. Pero al menos podemos concluir, contrariamente a la creencia popular en EE.UU, que no es un hecho que las sociedades religiosas sean mejores, más sanas o más morales. Lo que sí podemos tener claro de este estudio es que las sociedades altamente religiosas pueden ser disfuncionales, mientras que en comparación con las sociedades seculares en las que la evolución es, en gran parte, aceptada se visualiza realmente la cohesión social y el bienestar de la sociedad. Como siempre sucede en el caso en la ciencia, más datos e investigaciones adicionales ayudarán a aclarar nuestras conclusiones.

Fuente:

http://www.skeptic.com/reading_room/religious-belief-and-societal-health/

Nota:Se han añadido estudios relacionados en los enlaces.

Estudios relacionados:

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