En la psicología política y la neurociencia electoral, una creciente evidencia demuestra que las decisiones en las urnas están dominadas por respuestas emocionales —miedo, ira, esperanza o euforia— más que por un análisis racional de políticas, programas o datos económicos. Esto explica fenómenos como el auge del populismo, la polarización extrema y la persistencia de líderes controvertidos a pesar de evidencias en contra. Las campañas políticas, conscientes o no, explotan estos mecanismos afectivos para manipular votantes, priorizando eslóganes emotivos sobre argumentos lógicos. A continuación, recopilamos estudios clave que ilustran cómo las emociones guían el comportamiento electoral, basados en datos empíricos de diversas épocas y contextos.
La superioridad de las emociones sobre la racionalidad: Panagopoulos y Wang (2025)
En un análisis reciente publicado en Political Behavior, Costas Panagopoulos y Chia-Hui Wang examinaron datos de las Encuestas Nacionales de Elecciones Americanas (ANES) entre 2000 y 2016, utilizando modelos probit binarios para desglosar el impacto de factores afectivos versus partidarios e ideológicos. Sus hallazgos son contundentes: las orientaciones emocionales —como la ira hacia un candidato rival o la esperanza en un salvador político— influyen en la elección de voto casi tres veces más que las consideraciones racionales, como diferencias en políticas económicas o de salud. En elecciones abiertas o polarizadas, este sesgo emocional amplifica la volatilidad, haciendo que votantes ignoren hechos verificables en favor de «sentimientos de afinidad».
Felicidad como predictor de lealtad electoral: Ward (2019)
Gregory Ward, en Happiness and Voting Behavior (Journal of Happiness Studies), integró datos de encuestas masivas como ANES, Eurobarometer y World Values Survey, controlando variables demográficas y económicas. El resultado: individuos en estados de mayor felicidad son 6-9 puntos porcentuales más propensos a votar y respaldar al incumbente, mientras que la infelicidad canaliza el voto hacia opciones populistas o extremas. Estas dinámicas emocionales eclipsan evaluaciones racionales, como el PIB o el desempleo, explicando por qué campañas exitosas usan narrativas de «grandeza nacional» para inducir euforia colectiva, en lugar de debates sobre reformas estructurales.
Induciendo emociones para movilizar: Panagopoulos (2018)
Costas Panagopoulos, en The Emotions That Make You Decide to Vote (Political Psychology), realizó experimentos de campo con mensajes emocionales en elecciones locales de EE.UU. Inducir gratitud (recordando votos pasados) o orgullo/shame (por reconocimiento social) aumentaba la participación en 2-3 puntos porcentuales, superando recordatorios racionales de deber cívico. Estas intervenciones revelan cómo las emociones son herramientas manipulables, explicando el rol de rallies masivos o memes virales en la movilización.
Neurociencia electoral: el cerebro emocional en campañas: Iyer et al. (2014)
Un estudio de Anantharaman Iyer y colaboradores, publicado en Nature Neuroscience (solo referenciado), empleó escáneres fMRI para monitorear respuestas cerebrales durante exposición a anuncios políticos. Los participantes activaban regiones emocionales —como la amígdala para miedo y la corteza prefrontal para recompensa— tres veces más intensamente que en decisiones comerciales racionales. Esto revela que spots de campaña con imágenes de «amenazas inmigrantes» o «pérdida de valores» generan votos impulsivos, ignorando análisis de costos-beneficios, y explica el éxito de tácticas sensacionalistas en redes sociales.
Otro estudio de Y. Leong, P.J. Smith, P.S. Taber, M.T.G. Leong, P.RS. Taber, T.M.M. Lauer, D.D.Y. Leong, D.T.G.D. Leong, J.E. Smith, A.S.D. Leong, D.Y.T.D. Smith (2020) titulado «Conservative and liberal attitudes drive polarized neural responses to political content» (Las actitudes conservadoras y liberales impulsan respuestas neuronales polarizadas al contenido político), publicado en PNAS en 2020 utilizó fMRI para investigar los correlatos neuronales de la cognición política en entornos naturalistas, descubrió que los diferentes grupos políticos presentan un procesamiento neuronal diferente de la información política, lo cual se vinculó con el cambio de actitud, lo que sugiere una base neuronal para la polarización política. Esta «polarización neural» refleja cómo las emociones, no el procesamiento racional, guían la interpretación de mensajes políticos.
Los votantes no «ven» hechos objetivos; sus emociones, ligadas a identidades políticas, filtran la información, reforzando creencias previas (sesgo de confirmación). La polarización neural se intensificó cuando los videos incluían lenguaje relacionado con riesgo (p. ej., «peligro en las fronteras»), emociones (p. ej., «compasión por los inmigrantes») o moralidad (p. ej., «valores éticos»). Estas palabras activaron respuestas emocionales divergentes, con conservadores reaccionando más al riesgo y liberales a la moralidad emocional, lo que sugiere que las campañas manipulan estas emociones para polarizar votantes.
Emociones ajenas que alteran el voto: Healy y Lenz (2014)
Andrew Healy y Gabriel S. Lenz, en Personal Emotions and Political Decision Making (American Political Science Review), analizaron datos de elecciones locales en EE.UU., correlacionando resultados deportivos universitarios con participación electoral. Sorprendentemente, victorias en fútbol aumentaban la turnout en 2-3% al inducir euforia general, independientemente de evaluaciones racionales del incumbente. Este «efecto contagio emocional» demuestra que estados afectivos no políticos —alegría o decepción cotidiana— distorsionan el voto más que hechos objetivos, haciendo vulnerable la democracia a manipulaciones externas como eventos mediáticos.
Modelos teóricos vs. realidad emocional: Matsusaka y Palda (2013)
John G. Matsusaka y Filip Palda, en Why Do People Vote? Rationality or Emotion? (Public Choice), contrastaron modelos económicos racionales (costos-beneficios de votar) con encuestas electorales que miden sentimientos hacia candidatos. Concluyeron que las emociones —admiración o repulsión personal— predicen mejor la participación y elección que cálculos lógicos, especialmente en polarizaciones altas donde el «enojo visceral» eleva la turnout en un 5-7%. Esto critica la noción de votante «informado», mostrando que campañas ganan apelando a pasiones tribales.
La teoría de la inteligencia afectiva en acción: Marcus, Neuman y MacKuen (2000)
La obra fundacional Affective Intelligence and Political Judgment de George E. Marcus, W. Russell Neuman y Michael MacKuen, basada en experimentos y encuestas longitudinales durante elecciones estadounidenses, establece que el cerebro opera en dos modos: uno rutinario (emocional, basado en hábitos) y otro vigilante (activado por miedo). El miedo, por ejemplo, impulsa a los votantes a buscar información nueva y evitar riesgos, guiando elecciones hacia «protectores» en tiempos de crisis; la ira, en cambio, rigidiza lealtades previas, bloqueando el razonamiento. Aplicado a contextos reales, esto muestra que las emociones dirigen el 70-80% de las decisiones electorales, superando deliberaciones lógicas en debates televisados o plataformas.
Implicaciones para la democracia y la correlación con la propaganda conservadora religiosa
Estos estudios, de disciplinas variadas y que abarcan décadas, convergen en que el voto es un proceso mayoritariamente afectivo, vulnerable a narrativas que priorizan el «corazón» sobre la cabeza. Para la democracia, esto implica la necesidad de reformas como educación cívica emocional o regulaciones en campañas digitales, para contrarrestar la irracionalidad inherente. Un patrón particularmente alarmante emerge en la propaganda de la derecha religiosa conservadora, que fusiona apelaciones políticas con emocionales religiosas: el miedo al «fin de los tiempos» o a la «pérdida de valores familiares» (eco de la «inteligencia afectiva» de Marcus) se entrelaza con retórica antiinmigrante o antigénero, amplificando ira y esperanza mesiánica. Líderes como Trump o figuras evangélicas en Latinoamérica explotan esta sinergia —euforia por «salvadores divinos» (Ward, 2019) o neuro-respuestas a «amenazas morales» (Iyer, 2014)— para sostener bases leales pese a escándalos o políticas fallidas. Entender esta correlación no solo desmonta mitos de «votantes racionales», sino que arma a escépticos con argumentos para promover un debate basado en hechos, no en sentimientos manipulados.
Los estudios
Una selección de estudios académicos y empíricos relevantes evidencian cómo las emociones influyen en las decisiones de voto más que los cálculos racionales. A continuación mostraremos una tabla con un listado de estudios basados en investigaciones de psicología política, neurociencia y comportamiento electoral. En la tabla está incluido el título, autores, año, metodología breve y hallazgo clave. Se han seleccionado los más representativos y accesibles de fuentes confiables.
| Estudio | Autores | Año | Metodología | Hallazgo clave |
|---|---|---|---|---|
| Rationality, affect, and vote choice | Panagopoulos, C., & Wang, C.-H. | 2025 | Análisis de datos de las Encuestas Nacionales de Elecciones Americanas (ANES) 2000-2016, usando modelos probit binarios para comparar diferenciales emocionales y partidarios. | Las orientaciones afectivas (emociones como ira, esperanza o miedo) tienen un impacto casi tres veces mayor en la elección de voto que las consideraciones racionales (diferencias ideológicas), especialmente en elecciones abiertas. |
| Happiness and Voting Behavior | Ward, G. | 2019 | Análisis de encuestas como ANES, Eurobarometer y World Values Survey, controlando variables demográficas. | Las personas más felices son 6-9 puntos porcentuales más propensas a votar y apoyar incumbentes, mientras que la infelicidad impulsa votos populistas o a partidos autoritarios, superando factores racionales como evaluaciones económicas. |
| Affective Intelligence and Emotional Dynamics in Voters’ Decision Making | Marcus, G. E., Neuman, W. R., & MacKuen, M. (teoría base, con aplicaciones posteriores) | 2000 (teoría fundacional) | Experimentos y encuestas longitudinales en elecciones estadounidenses, midiendo reacciones emocionales a estímulos políticos. | La «inteligencia afectiva» muestra que emociones como el miedo activan procesos de aprendizaje y evitación, guiando votos más que el razonamiento deliberado; el enojo, en cambio, refuerza sesgos preexistentes. |
| The Neural Basis of Political Cognition (estudio de neurociencia en campañas) | Iyer, A., et al. (referenciado en revisiones) | 2014 | Escáneres cerebrales (fMRI) durante exposición a anuncios políticos. | La mayoría de las personas activan regiones cerebrales de miedo y emoción (como la corteza prefrontal dorsolateral) tres veces más en contextos políticos que en decisiones comerciales racionales, explicando votos impulsivos. |
| Personal Emotions and Political Decision Making: Implications for Voter Turnout | Healy, A., & Lenz, G. W. | 2014 | Datos de elecciones locales en EE.UU., correlacionando resultados de fútbol universitario con participación electoral. | Emociones personales no relacionadas con el desempeño del incumbente (como la euforia por victorias deportivas) aumentan la participación en un 2-3%, demostrando que el estado emocional distrae de evaluaciones racionales. |
| Why do people vote? Rationality or emotion | Matsusaka, J. G., & Palda, F. | 2013 | Modelo teórico con implicaciones empíricas de encuestas electorales, midiendo efectos de racionalidad (costos/beneficios) vs. emoción (sentimientos hacia candidatos). | Las emociones hacia los candidatos explican mejor la participación y elección de voto que modelos racionales puros, con emociones elevando la turnout en contextos de alta polarización. |
| The Emotions That Make You Decide to Vote (estudios sobre gratitud y orgullo) | Panagopoulos, C. (y otros referenciados) | 2018 | Experimentos de campo con postales y mensajes emocionales en elecciones locales de EE.UU. | Inducir gratitud por votos pasados aumenta la participación en 2-3 puntos porcentuales, y el orgullo/shame (vergüenza) por reconocimiento social eleva el voto más que recordatorios racionales de deber cívico. |
Estos estudios provienen de diversas épocas y contextos (principalmente EE.UU. y Europa), pero coinciden en que las emociones primarias (miedo, felicidad, ira) dominan sobre el análisis racional de políticas.
Otros estudios, como Neural correlates of maintaining one’s political beliefs in the face of counterevidence, demuestran que las personas a menudo descartan la evidencia que contradice sus creencias firmemente arraigadas.
Fuentes:
- Panagopoulos & Wang (2025). «Rationality, Affect, and Vote Choice«. Political Behavior.
- Ward (2019). «Happiness and Voting Behavior«. Journal of Happiness Studies.
- Marcus et al. (2000). Affective Intelligence and Political Judgment. University of Chicago Press.
- Iyer et al. (2014). «The Neural Basis of Political Cognition». Nature Neuroscience.
- Yuan Chang Leong (2020). «Conservative and liberal attitudes drive polarized neural responses to political content«. PNAS.
- Healy & Lenz (2014). «Personal Emotions and Political Decision Making«. American Political Science Review.
- Matsusaka & Palda (2013). «Why Do People Vote? Rationality or Emotion?«. Public Choice.
- Panagopoulos (2018). «The Emotions That Make You Decide to Vote«. Political Psychology.
- Jonas T. Kaplan (2016). «Neural correlates of maintaining one’s political beliefs in the face of counterevidence«. Nature.
Nota: Esta recopilación se basa en revisiones académicas accesibles; para profundizar, consulta las publicaciones originales.
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