Los creyentes en lo paranormal muestran un mayor sesgo de autoatribución que los escépticos

Ciertas personas tienden a sesgar la información con respecto a lo que perciben en favor de sí mismos: ergo de sus ideas preconcebidas. Dichas personas lo hacen basándose en un sesgo conocido como sesgo de correspondencia o de autoatribución, que les lleva a cometer un error fundamental de atribución. ¿Qué produce dicho sesgo? Básicamente, que dichas personas (las que han sido criadas para creer en cosas antinaturales y paranormales) omitan los errores o fallos que cometen o que ven (los resultados negativos) en pro de mantener sus ideas y visión del mundo mientras que, por otro lado, sí tienen en cuenta los resultados positivos que confirman su percepción del mundo.

En resumen: las personas que han crecido en ambientes religiosos o a los cuales se les ha inculcado una creencia religiosa (o que han crecido en ambientes socioculturales supersticiosos) tienden, según este estudio publicado en la revista médica Elsevier, a mostrar un mayor sesgo de autoatribución que las personas escépticas (como los escépticos en cuanto a la existencia de deidades: ateos). La religión, por tanto, favorece el sesgo de autoatribución.

El sesgo de autoatribución y las creencias paranormales

El presente estudio investigó la relación entre las creencias paranormales, el control ilusorio y el sesgo de autoatribución, es decir, la tendencia motivada a atribuir resultados positivos a uno mismo mientras que los resultados negativos se externalizan. Los visitantes de una feria psíquica jugaron a un juego de adivinar cartas e indicaron su control percibido sobre las cartas elegidas al azar en función de la congruencia y la valencia de la carta. Se observó un sesgo de autoatribución más fuerte en los creyentes en lo paranormal en comparación con los escépticos, y este sesgo se relacionó específicamente con las creencias religiosas tradicionales y la creencia en la superstición. No se encontró relación entre las creencias paranormales y el control ilusorio. Las medidas de autoinforme indicaron que las creencias paranormales estaban asociadas a la crianza en una familia espiritual y a experiencias anómalas durante la infancia. De este modo, este estudio sugiere que las creencias paranormales están relacionadas con sesgos cognitivos específicos que, a su vez, están determinados por factores socioculturales.

Estudio:

The self-attribution bias and paranormal beliefs.

No nacemos creyentes: un estudio concluye que la religión no tiene que ver con el pensamiento intuitivo o racional

Un nuevo estudio de la Universidad de Oxford acaba de descartar que el sentimiento religioso esté relacionado con el pensamiento intuitivo. La conclusión echa por tierra no solo una convención de la psicología. Además descarta que la religiosidad sea algo con lo que nacemos.

Hasta ahora la psicología cognitiva explicaba el desarrollo del sentimiento religioso en el cerebro como un resultado del pensamiento intuitivo. En otras palabras, que las creencias religiosas surgen de manera intuitiva, y que las diferentes religiones canalizan una conclusión a la que las personas llegan de antemano siguiendo un proceso natural. Según esta hipótesis ampliamente aceptada, las personas creyentes son más intuitivas que analíticas.

Un equipo combinado de neurocientíficos, psicólogos y filósofos del Centro de Avances en Ciencias del Comportamiento en las Universidades de Coventry y Oxford ha examinado esa asunción realizando un estudio sobre un grupo de peregrinos del Camino de Santiago.

El estudio comenzaba entrevistando a los vountarios para determinar su grado de creencias religiosas y sobrenaturales. Después se les sometió a una larga batería de pruebas de lógica, matemáticas y probabilidad destinadas a analizar su grado de pensamiento intuitivo. Finalmente, se les sometió a un experimento no invasivo de electroestimulación sobre el gyrus frontal inferior, una zona del cerebro que se suponía estaba asociada a la inhibición de creencias sobrenaturales en personas ateas.

Ni uno solo de los experimentos permitió probar de manera concluyente la relación que se suponía entre sentimiento religioso y pensamiento intuitivo. Según el principal autor del estudio: Miguel Farías:

Qué nos impulsa a creer en dioses? ¿La intuición o la razón, el cerebro o el corazón? Existe un largo debate en torno a esta cuestión, pero nuestras conclusiones desafían la teoría de que las creencias religiosas estén determinadas por un pensamiento intuitivo o analítico. No creemos que las personas nazcan creyentes del mismo modo en que todas acaban aprendiendo de manera inevitable algún tipo de lenguaje.

Si no es intuitivo ni de nacimiento, ¿de dónde provienen los sentimientos religiosos? Farías apunta a factores sociales:

Los datos sociológicos e históricos de los que disponemos muestran que nuestras creencias se basan fundamentalmente en factores sociales y educativos, y no en diferencias cognitivas como la dicotomía entre pensamiento intuitivo o analítico. El sentimiento religioso se basa muy probablemente en la cultura de cada uno, no en algún tipo de intuición primitiva o corazonada.

Fuente: Gizmodo

[vía Phys.org]

La “autotrascendencia” depende de un área concreta del cerebro

Vinculada a la religiosidad, esta característica ha sido relacionada con las áreas parietales posteriores

Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Udine, en Italia, con personas que sufrían tumores cerebrales, ha revelado que sólo aquéllas a las que se extirparon los tumores de las zonas parietales posteriores del cerebro vieron modificados sus niveles de “autotrascendencia” (ST), una característica compleja de nuestra personalidad que nos hace sentirnos como una parte integral del universo y que sirve para medir el comportamiento espiritual de cada individuo. Según los investigadores, este estudio sería la primera demostración de que existe una relación de causalidad entre el funcionamiento del cerebro y la ST. Por Yaiza Martínez.

1887140-2584209Una investigación reciente realizada por científicos de la Universidad de Udine, en Italia, ha proporcionado una nueva comprensión sobre cómo ciertos cambios del cerebro pueden provocar alteraciones en las actitudes religiosas y espirituales.
Concretamente, el científico Cosimo Urgesi, de dicha universidad, y sus colaboradores exploraron las bases neuronales de la espiritualidad analizando a pacientes que habían desarrollado tumores en distintas partes del cerebro.

Las exploraciones fueron realizadas antes y después de que a estos pacientes se les extirparan quirúrgicamente los tumores.
Según se explica en la revista Physorg, aunque en general se piensa que todos los comportamientos y experiencias, religiosas o de cualquier otro tipo, tienen su origen en el cerebro, la exploración empírica real de los mecanismos neuronales subyacentes a la espiritualidad siempre ha representado un desafío.

Análisis de la autotrascendencia

Sólo desde un tiempo a esta parte, en que los especialistas han empezado a contar con tecnologías altamente avanzadas de registro de imágenes de la actividad cerebral, la neurociencia ha comenzado a observar los procesos mentales asociados con la religión y la espiritualidad humanas.

Urgesi y sus colaboradores enfocaron su investigación en tratar de establecer una relación directa entre la actividad cerebral y la espiritualidad. Para ello, se centraron en el estudio de una característica humana conocida como autotrascedencia (ST), una de las tres dimensiones del carácter que según la psicología agrupa las características de espiritualidad, misticismo, pensamiento mágico y religioso, así como la visión de uno mismo como parte integral del universo.

Las personas con una ST elevada poseen una percepción del yo disminuida, y son más propensas a identificarse como una parte integral del universo, en sentido total.

Los cambios en la ST individual fueron estudiados en 88 casos, de personas sometidas a cirugía cerebral para la extirpación de sus tumores. Cada uno de estos pacientes padecía distintos tipos de tumor en zonas del diversas del cerebro, tal y como publica la agencia de noticias de la UE, Cordis.

Espiritualidad anterior y posterior

Con técnicas avanzadas, los investigadores localizaron las lesiones cerebrales sufridas por los participantes en el estudio tras su operación, y paralelamente evaluaron la intensidad de la ST en los pacientes antes y después de la cirugía.

Este método, según declararon los científico, ha permitido explorar posibles cambios en la ST inducidos por lesiones cerebrales concretas, así como la causalidad de las estructuras frontal, temporal y parietal en las diferencias que había entre los individuos en cuanto a la ST.

Los investigadores descubrieron así, que aquellos pacientes a los que se les había practicado la cirugía en la parte posterior del cerebro presentaban una ST más acusada tras la operación. Esto no fue lo que sucedió con los pacientes afectados en la zona anterior del cerebro.

El hecho de que los tumores cerebrales situados en distintos puntos del cerebro tengan efectos diversos en la ST individual supondría, según los científicos, que se ha establecido una base neuronal de la que dependerían los estilos cognitivos y emocionales que caracterizan la espiritualidad de cada persona.
Urgesi afirma que: “Nuestro estudio sobre la localización de los síntomas y las lesiones es la primera demostración de que existe una relación de causalidad entre el funcionamiento del cerebro y la ST”.

Modular la actividad neuronal

Esta relación sería la siguiente: el daño sufrido por las zonas parietales posteriores del cerebro provoca rápidos cambios relacionados con la conciencia autorreferente transcendental. Según esto, puede que una disfunción de la actividad neuronal parietal sea la responsable de la alteración de los comportamientos religiosos y espirituales y de la actitud ante ellos.

Los investigadores señalan que, en individuos saludables, el nivel de ST vendría determinado, al menos en parte, por los genes. Por otro lado, en personas que no padecen tumores cerebrales pero que sí sufren trastornos mentales, como la esquizofrenia, se ha comprobado que el nivel de ST puede verse alterado.

Según los científicos, la investigación del efecto de las lesiones cerebrales sobre dimensiones complejas de la personalidad, como la ST, podría ayudar a esclarecer la interacción que se produce entre factores genéticos y ambientales, y que motivaría la alteración de nuestros perfiles espirituales, al señalar el área cerebral vinculada con dicha alteración.

Por otra parte, esta investigación podría ayudar a comprender mejor la función que desempeñan las diferencias de cada individuo en las enfermedades mentales, afirman los investigadores.

Si una característica estable de la personalidad como la ST puede sufrir cambios rápidos como consecuencia de lesiones cerebrales, esto indicaría que algunas dimensiones de la personalidad podrían modificarse si se influye en ciertas áreas específicas de actividad neuronal.
Teniendo en cuenta esto, es posible que métodos nuevos dedicados a la modulación de la actividad neuronal den lugar a tratamientos novedosos contra los trastornos de personalidad, aseguran los investigadores. Los resultados de este estudio han sido publicados en la revista especializada Neuron.

Dios y cerebro

Desde hace unos años, y gracias a los avances tecnológicos antes mencionados en los dispositivos de registro de la actividad neuronal del cerebro, la neurociencia ha intentado explicar la religiosidad y la espiritualidad humanas desde una perspectiva puramente fisiológica.
Así, por ejemplo, en investigaciones neurológicas recientes se han descubierto las zonas del cerebro implicadas en las experiencias místicas e, incluso, se ha llegado a presentar el primer mapa del cerebro místico en prensa.

Como cabía esperar, estos avances están suscitando actualmente un apasionante debate sobre si estos descubrimientos pueden considerarse una demostración de la existencia de Dios o, por el contrario, constatarían únicamente que la experiencia religiosa es tan sólo un producto más de la actividad cerebral del ser humano.

Fuente:

Tendencias21