Predecir la amistad es posible

Una resonancia magnética del cerebro puede predecir el grado de amistad entre dos personas a partir de los patrones cerebrales que se producen al ver fragmentos de vídeos cómicos, debate o documentales, según un estudio publicado en Nature.

Investigadores de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y el Dartmouth College, ambos en Estados Unidos, han determinado que las respuestas cerebrales ante ese tipo de estímulos son similares entre las personas que comparten amistad.

A medida que la distancia social entre dos individuos se incrementa, las estructuras neuronales que revela una resonancia magnética funcional (IRMf) difieren cada vez más.

A partir de sus observaciones, Carolyn Parkinson y su grupo argumentan en su trabajo que pueden emplear esa técnica para predecir la probabilidades de que dos personas sean amigas.

Las respuestas neurales a estímulos dinámicos y naturalistas, como los vídeos, nos permiten observar los procesos de pensamiento espontáneos de las personas a tiempo real mientras se producen”, explicó Parkinson en un comunicado del Dartmouth College.

Nuestros resultados sugieren que los amigos procesan el mundo que está a su alrededor de un modo excepcionalmente similar”, señaló la investigadora.

Patrones similiares

Para llegar a sus conclusiones, el grupo estadounidense analizó los resultados de resonancias magnéticas de 42 estudiantes universitarios, 12 mujeres y 30 hombres de entre 25 y 32 años, todos ellos integrados en la misma red social, con diferentes grados de cercanía.

Los científicos comprobaron que las áreas del cerebro implicadas en la interpretación de datos sensoriales y emocionales respondían de forma parecida a los estímulos entre los amigos más cercanos.

Somos una especie social, vivimos nuestras vidas conectados con todos los demás. Si queremos comprender cómo funciona el cerebro humano necesitamos entender cómo nuestras mentes se dan forma las unas a las otras”, afirmó la investigadora Thalia Wheathely.

Fuente: EFE Futuro

Estudio:

Las redes sociales humanas son abrumadoramente homófilas: los individuos tienden a hacerse amigos de otros que son similares a ellos en términos de una gama de atributos físicos (por ejemplo, edad, sexo). ¿Las similitudes entre amigos reflejan similitudes más profundas en la forma en que percibimos, interpretamos y respondemos al mundo? Para probar si la amistad, y más generalmente, la proximidad de las redes sociales, asociada con una mayor similitud de respuesta mental en tiempo real, utilizamos imágenes de resonancia magnética funcional para escanear los cerebros de los sujetos durante la visualización gratuita de películas naturalistas. Aquí mostramos evidencia de homofilia neuronal: las respuestas neuronales cuando se ven películas audiovisuales son excepcionalmente similares entre amigos, y esa similitud disminuye al aumentar la distancia en una red social del mundo real.

 Similar neural responses predict friendship. Nature Communications. Parkinson, C., Kleinbaum, A. M., & Wheatley, T. (In press).

Solo te creeré si me dices lo que quiero oír

Cuando los datos contradicen nuestras convicciones, solemos ignorarlos o manipularlos para adaptarlos a unas ideas preconcebidas. Así lo hacen los creacionistas, los antivacunas y los ‘conspiranoicos’ del 11-S

¿Han notado que una persona siempre cambia de opinión cuando le presentan unos datos que contradicen sus convicciones más profundas? No, ¿verdad? Yo tampoco. Es más, da la impresión de que una persona cuando se le presentan pruebas abrumadoras en contra de lo que cree, se reafirma en sus opiniones. El motivo es que esos datos ponen en peligro su visión del mundo.

Los creacionistas, por ejemplo, rechazan las pruebas de la evolución que aportan los fósiles y el ADN porque les preocupa que los poderes laicos estén comiéndole terreno a la fe religiosa. Los enemigos de las vacunas desconfían de las grandes farmacéuticas y piensan que el dinero corrompe la medicina. Eso les lleva a defender que las vacunas causan autismo, pese a que el único estudio que relacionaba esas dos cosas fue desmentido en su día y su autor fue acusado de fraude. Quienes defienden las teorías de la conspiración en torno a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos se fijan en minucias como el punto de fusión del acero de los edificios del World Trade Center que hizo que se derrumbaran, porque creen que el Gobierno mentía y llevó a cabo operaciones encubiertas con el fin de crear un nuevo orden mundial. Los negacionistas del cambio climático estudian los anillos de los árboles, los núcleos del hielo y las ppm (partes por millón) de los gases de efecto invernadero, porque defienden con pasión la libertad, en especial la de los mercados y las empresas, para actuar sin atenerse a estrictas normas gubernamentales. Quienes aseguraban que Barack Obama no nació en Estados Unidos diseccionaron desesperadamente su certificado de nacimiento en busca de mentiras, porque estaban convencidos de que el primer presidente afroamericano de EE UU era un socialista empeñado en destruir su país. Los defensores de estas teorías estaban convencidos de que quienes se mostraban escépticos ante ellas ponían en peligro su visión del mundo. Y rechazaban los datos que rebatían su postura por considerar que venían del frente enemigo.

El hecho de que las convicciones resulten más fuertes que las pruebas se debe a dos factores: la disonancia cognitiva y el llamado efecto contraproducente. En el clásico When Prophecy Fails (cuando la profecía se equivoca), el psicólogo Leon Festinger y sus coautores escribían en 1956 acerca de la reacción que tuvieron los miembros de una secta que creía en los ovnis cuando la nave espacial que esperaban no llegó a la hora prevista. En lugar de reconocer su error, “siguieron tratando  de convencer al mundo entero” y, “en un intento deses­perado por eliminar su disonancia, se dedicaron a hacer una predicción tras otra, con la esperanza de acertar con alguna de ellas”. Festinger llamó disonancia cognitiva a la incómoda tensión que surge cuando se piensan dos cosas contradictorias al mismo tiempo.

En su libro de 2007 Mistakes Were Made, But Not By Me (hubo errores, pero yo no los cometí), dos psicólogos sociales, Carol Tavris y Elliot Aronson (alumno de Festinger), documentan miles de experimentos que demuestran que la gente manipula los hechos para adaptarlos a sus ideas preconcebidas con el fin de reducir la disonancia. Su metáfora de la “pirámide de la elección” sitúa a dos individuos juntos en el vértice de la pirámide y muestra cómo, cuando cada uno adopta y defiende una posición distinta, empiezan a distanciarse rápidamente hasta que acaban en extremos opuestos de la base de la pirámide.

Corregir un hecho falso puede reforzar las percepciones equivocadas del grupo
porque se pone en peligro su visión del mundo

En otros experimentos llevados a cabo por el profesor de Dartmouth College (EE UU) Brendan Nyhan y el profesor de la Universidad de Exeter (Reino Unido) Jason Reifler, los investigadores identifican un factor relacionado con esta situación: lo que denominan el efecto contraproducente, “por el que al tratar de corregir las percepciones equivocadas, éstas se refuerzan en el grupo”. ¿Por qué? “Porque ponen en peligro su visión del mundo o de sí mismos”.

Por ejemplo, a los sujetos de los experimentos se les dieron artículos falsos de periódicos que confirmaban ideas erróneas pero muy extendidas, como la de que había armas de destrucción masiva en Irak. Cuando después les mostraron un artícu­lo que explicaba que, en realidad, nunca se habían encontrado dichas armas, quienes se oponían a la guerra aceptaron el nuevo artículo y rechazaron el anterior. Sin embargo, los partidarios de la guerra dijeron que el nuevo artículo les había convencido aún más de que había armas de destrucción masiva, porque probaba que Sadam Husein las había escondido o destruido. De hecho, dicen Nyhan y Reifler, entre muchos de estos últimos participantes, “la idea de que Irak tenía armas de destrucción masiva antes de la invasión encabezada por Estados Unidos persistió hasta mucho después de que el propio Gobierno de Bush llegara a la conclusión de que no era así”.

Si los datos que deberían corregir una opinión solo sirven para empeorar las cosas, ¿qué podemos hacer para convencer al público de que está equivocado? Por mi experiencia, aconsejo mantener las emociones al margen; discutir, no criticar (nada de ataques personales y nada de mencionar a Hitler); escuchar con atención e intentar expresar detalladamente la otra postura; mostrar respeto; reconocer que es comprensible que alguien pueda pensar de esa forma; intentar demostrar que, aunque los hechos sean otros de los que se pensaba, esto no significa necesariamente que se altere la visión del mundo.

Quizá estas estrategias no siempre sirvan para hacer que la gente cambie de opinión, pero es posible que ayuden a que no haya tantas divisiones innecesarias, sobre todo ahora que EE UU está en plena fiebre revisionista de la realidad con fines políticos.

 

Fuente: El País (Ciencia)

 

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Los narradores promovieron la cooperación entre los cazadores-recolectores antes del advenimiento de la religión

La narración de cuentos promovió la cooperación en cazadores-recolectores antes del advenimiento de la religión organizada, según se revela en un nuevo estudio de UCL.

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La investigación muestra que los narradores en las sociedades de cazadores-recolectores fueron esenciales en la promoción de valores cooperativos e igualitarios antes de que se desarrollaran mecanismos comparables en las sociedades agrícolas más grandes, como la moralización de las deidades elevadas.

Los narradores de cuentos también eran más populares que los mejores recolectores, tenían un mayor éxito reproductivo y eran más propensos a ser ayudados por otros miembros del campamento, según se muestra en la investigación publicada hoy (5 de diciembre de 2017) en Nature Communications.

Los investigadores, dirigidos por Daniel Smith, Andrea Migliano y Lucio Vinicius del Departamento de Antropología de la UCL y financiados por Leverhulme Trust, basaron sus hallazgos en su estudio de los Agta, un grupo de cazadores-recolectores existente descendiente de los primeros colonizadores de Filipinas más de hace 35.000 años.

Pidieron a tres ancianos que les contaran las historias que normalmente les contaban a sus hijos y a los demás, lo que dio como resultado cuatro historias narradas en tres noches. Encontraron que las historias sobre entidades naturales humanizadas, como animales o cuerpos celestes, promovían normas sociales y cooperativas para coordinar el comportamiento grupal.

Una, sobre el sol masculino que se cae con la luna hembra antes de resolver sus diferencias sobre quién debería iluminar el cielo al aceptar compartir el deber, uno durante el día y el otro durante la noche. La historia promueve la igualdad de sexo y la cooperación entre los sexos, que es común entre las sociedades de forrajeo.

El estudio de UCL mostró que el 70% de una muestra de 89 historias de siete sociedades diferentes de cazadores-recolectores se refería a reforzar y regular el comportamiento social.

“Estas historias parecen coordinar el comportamiento del grupo y facilitar la cooperación al proporcionar a las personas información social sobre las normas, reglas y expectativas en una sociedad determinada”, según Daniel Smith.

De acuerdo con esta interpretación, los campamentos de Agta con una mayor proporción de cuentistas expertos poseían mayores niveles de cooperación.

A casi 300 miembros de 18 campamentos de Agta también se les pidió que eligieran con quién les gustaría vivir más. Los narradores más habilidosos a la hora de contar cuentos eran casi dos veces más propensos a ser nominados que los individuos menos capacitados.

Potencialmente porque reciben un mayor apoyo social a cambio de contar historias, el estudio descubrió que los narradores expertos tenían un promedio de 0,53 niños más que los que no tenían habilidades, lo que demuestra los beneficios reproductivos de ser un buen narrador.

Los autores afirman que la narración de cuentos puede haber sido fundamental para organizar el comportamiento social de los seres humanos promoviendo la cooperación, difundiendo normas cooperativas y representando el castigo de los que rompen las normas.

“Las religiones cazadoras-recolectoras no tienen dioses moralizantes y, sin embargo, son altamente cooperativas con toda la comunidad. Por lo tanto, la narración de cuentos en las sociedades de cazadores-recolectores fue un precursor de formas más elaboradas de ficción narrativa, como la moralización de los grandes dioses, común en las poblaciones postagrícolas.”, dijo Andrea Migliano, el último autor del artículo.

Fuente: UCL News (London´s Global University)